martes, mayo 4

Andares II

No fue un viento errante, de esos que vagabundean sin ton ni son, sino un señor ventarrón certeramente disparado desde la lejana costa caliente hasta la ciudad de Medellín, a través de las montañas y los países. El viento llegó a la casa de Jenny y la atravesó de punta a punta: súbitamente se abrió la puerta del fondo, de la misma violenta manera.
Entonces Jenny supo.




Restableceida la calma, hasta el aire dudaba, el aire lastimado; pero ella supo. Y la lavandera, que vivía lejos, en el pueblo La Pintada, también supo: estaba enjuagando ropa con agua llovida, esa misma medianoche, cuando sintió que había alguien detrás:
- Yo la ví, niña. Se lo puedo jurar.
La noticia llegó a Medellín por telegrama, tempranito en la mañana, pero ya no era necesaria: que anoche, a medianoche, ha muerto Paula López, madre de Jenny, amiga muy amiga de la lavandera, en la lejana ciudad de Guayaquil.

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