miércoles, marzo 30
Después de tanto andar, de haber logrado un máster en soledad, de volver a cursar, noche 1; 2 y 3 con el doble de edad. Esta vez tengo el alta de tu piel. De lejos luzco bien, un auto usado... chapa y pintura ok. Si me miras mejor, ando torcida por aquel choque atroz. Menos mal, que hoy te lo puedo contar. La muerte se suele llevar las almas con defensas bajas. Fue todo un triunfo no caer, en manos de este mundo medicado y harto, cruel... Quién dijo que una vez que tocas fondo más no vas a caer??? Podes quedarte allí, bien enterrado... Nadie te va a subir (menos mal que hoy te lo puedo contar) (Ando viva, suerte que respiro...) Vos nunca jamás vas a poder saber lo que costó este alta, este alta de vos. Menos mal que hoy te lo puedo cantar... (Yo fui aprendiendo a desconfiar de toda buena racha...)
jueves, marzo 3
En dieciocho años de existencia (que no es poco) llegúe a aprender que una de las emociones más repetidas en esta compleja maquinaria que llevamos en nuestro interior es la decepción. Es fácil mostrarse ilusionado, crearse expectativas, pedir una especie de “mínimo exigido” a la gente a nuestro alrededor… y como el ser humano es imperfecto, en un elevado porcentaje de situaciones acabamos cruelmente decepcionados.
Podemos decepcionarnos con nosotros mismos, con la vida y la suerte en general… y cuando más duele es cuando una persona importante nos decepciona. Asumo que mi vida va a serguir llena de decepciones (aunque también aparecen inesperadas alegrias de vez en cuando).
Pequeñas decepciones han llegado desde mi última gran decepción… aunque esta aún duele un poco. Hace meses que pasó, y hace meses ya que descubrí que la situación era irremediable, y aunque nunca esperé un disculpa (además de que no la habría aceptado), seguro que no hubiese estado fuera de lugar.
Ya no siento ni espero nada de todo lo que sentí… pero a veces el recuerdo de la decepción persiste.
Podemos decepcionarnos con nosotros mismos, con la vida y la suerte en general… y cuando más duele es cuando una persona importante nos decepciona. Asumo que mi vida va a serguir llena de decepciones (aunque también aparecen inesperadas alegrias de vez en cuando).
Pequeñas decepciones han llegado desde mi última gran decepción… aunque esta aún duele un poco. Hace meses que pasó, y hace meses ya que descubrí que la situación era irremediable, y aunque nunca esperé un disculpa (además de que no la habría aceptado), seguro que no hubiese estado fuera de lugar.
Ya no siento ni espero nada de todo lo que sentí… pero a veces el recuerdo de la decepción persiste.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)